De acuerdo a la definición más utilizada, ubicada en el diccionario en línea, la felicidad es un estado de ánimo resultado de una actividad neuronal fluida en la que los factores internos y externos interactúan estimulando el sistema límbico. Por tanto partiendo de esa definición, la felicidad es la respuesta cerebral a un hecho que percibimos de manera positiva. Esto implica que no necesariamente aquello que nos hace sentir “felicidad” es real, si no en apariencia es algo que nos gusta y por tanto activa el sistema límbico y esto trae como resultado el que sintamos eso llamado “felicidad”. Si bien esto es así, ¿que pasa cuando aquello que aparenta ser bueno no lo es? ¿Cuándo salimos con el representante de esa persona que nos atrae? ¿Cuándo entendemos que algo va a ser beneficioso y resulta que no lo es?
¿Nuestro sistema límbico es engañado por cosas ilusorias, irreales e irrelevantes?
El sistema límbico esta compuesto por varias estructuras cerebrales como lo son el hipotálamo, el hipocampo, el tálamo, la amígdala cerebral, el cuerpo calloso, el séptum y el mesencéfalo. Estas estructuras están relacionadas a varias respuestas y facultades del ser humano, como la memoria, atención etc. Pero dentro de estas respuestas se encuentran los instintos sexuales y las emociones, y es ahí donde esta el punto de la llamada “felicidad”. Dentro de estas reacciones cerebrales que nos hacen sentir “felicidad” se encuentra la estimulación de algo que nadie quiere aceptar que tiene, pero que sin duda alguna todos tenemos y más aun, es parte integral de nuestro comportamiento, y esto es el llamado ego.
El ego es el “cuco” de la humildad para la mayoría de las personas, pero, ¿por qué negar que vivimos alimentándolo, si hasta cuando entramos en una relación con alguien, el objetivo inconsciente es alimentar el ego? Pero este es otro tema a parte, y para otra discusión.
Miren, la apariencia de las cosas nos llenan los ojos de interés, lo que hacemos y nos gusta también tiene como repercusión el que se sientan emociones placenteras, a pesar de que lo que hagamos en esencia no sea productivo para nuestro desarrollo como ser humano. Un ejemplo de lo confundidos y engañados que estamos en la vida con éste cuento de la felicidad, son las relaciones amorosas y/o sexuales. Digo relaciones amorosas y/o sexuales por abarcar aquellas relaciones donde el amor no es lo que provoca esa "felicidad", más si el contacto físico con determinado ente.
Cuando dos personas se unen, en común acuerdo ya sea para iniciar una relación “amorosa” (eso es otro tema, para otra discusión) o para simplemente alimentar los licores del placer (frase adoptada de un maestro español que mas canciones, dice verdades metafóricas que nadie se atreve a decir), lo hacen buscando experimentar esa activación del sistema límbico, o sentir esa “felicidad”. Pero la realidad es que las relaciones están cargadas de malos ratos, discusiones, desavenencias, indiferencia, luchas de poder, mentiras, hipocresía y muchas otras cosas negativas, que si las pusiéramos en una balanza son más que las buenas, pero se crea costumbre, hábito y lo más importante el área de comfort, esa área de la cual no queremos salir por cobardía, por pensar en lo difícil que resulta edificar algo nuevo...continuar la vida sin la costumbre que no nos gusta mucho, pero no tenemos que hacer nada.
Y la realidad, triste o no, es que por el uso y costumbre se han derribado oportunidades, sueños y se han olvidado detalles esenciales que han terminado hasta con naciones.
En la filosofía Aristotélica se establece que la felicidad es una unidad presupuesta de la finalidad humana, el fin ultimo, la perfección. Por tanto siendo el fin último es una posesión a la cual queremos llegar, que marcaría el final de una búsqueda existencial, y con esto el final de la existencia.
Otros filósofos como Leibniz la plantean como la realización de la voluntad humana, la voluntad humana como algo que queremos, el conseguir aquello que queremos tener o ser.
Pero reconozcamos que cualquiera de las posturas que se escoja, ya sea la postura epicureísta o estoica, la felicidad es algo momentáneo, ya que parte de emociones que son provocadas por el sistema límbico, el cual no esta activo mucho tiempo, necesita reposo...por esto hay que aprovecharla cuando está vigente porque de repente se apaga.
“La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”
Jean Paul Sartre (1980)
“La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”
Henry Van Dyke (1933)

0 comentarios:
Publicar un comentario